domingo, marzo 05, 2006

Día 18 [4 de marzo 2006]

Mañana de flojerita, a penas conseguí ponerme de pie a las 11:30, aproximadamente. Me llevé las manos a los ojos y me quite las lagañísimas, después me estiré, levanté alto mis brazos y me puse de puntitas, siempre quiero tocar el techo sin despegar los pies del suelo, pero para alcanzar este techo me falta como medio metro.

Salí del cuarto rascándome la panza y la cabeza, y recordé el jueguito ese en el que das palmaditas en la cabeza y te sobas el estomago circularmente, me dio risa. Tomé un plátano de la cocina, lo pelé y me lo comí despacito, me fui a la sala, Carlos estaba viendo el tenis, creo que es como el segundo deporte más popular aquí.

El día anterior había recogido un folletito que decía: “Otra Forma de Moverte”, trae un programa de actividades gratuitas que se van a realizar todos los sábados de marzo; este sábado había algunas que me interesaban, como en la Casa de la Juventud, iba a haber Spa joven: yoga, masaje; también un Taller de danzas del mundo, y un taller de velas de agua.

Le pregunté a Carlos por las direcciones de las distintas localidades que manejaba el folletito [Polideportivo el Val, Casa de la Juventud, Casa Tapón], pero solo supo decirme dónde estaba el Polideportivo, al cual me interesa ir el próximo sábado porque va a haber un Curso de Iniciación al Socorrismo.

Entonces, me puse a buscar en Internet más información; resulta que la Casa de la Juventud está al lado del Polideportivo, y según entendí, la Casa Tapón está por la calle Mayor. Pensé: “bueno, ya tengo algo para hacer en la noche”, las actividades que me interesaban este día empezaban a las 22:00.

Después de un rato fui a comer. Cuando iba llegando al comedor, vi a la muchacha güerita, me dijo: “Hola”, le contesté, pero pensé: “otra vez no vino la señora”. En cuanto entré al comedor, ahí estaba la señora, detrás de la barra, con su uniforme negro [ya me di cuenta de que es uniforme], me dio gusto, me saludó por mi nombre y sentí bonito.

Comí spaghetti y pez, comí rápido, a pesar de que no tenía prisa. He notado que cuando la señora habla con la muchacha güerita, hablan como en otro idioma, que no alcanzo a entender, tengo la impresión de que es valenciano, pero no lo sé con exactitud, igual suena como a polaco, a ver si un día de estos le pregunto.

Regresé a la residencia y me tiré sobre la cama, me quedé dormido. Desperté a las cuantas horas, tenía hambre, me hice mis famosas tortitas de queso Philadelphia. Me regresé al cuarto. En sí, toda la mañana y tarde estuve de flojo, echadote, como Dios manda que sean los sábados.

Ya en la noche, me bañe, estaba con la idea de ir a la Casa de la Juventud, a ver que show con el yoga y masajes. Terminé de bañarme, me rasuré, yo me rasuro bien macho, así sin nada, a pelo, sin cremitas ni jabón, para los tristes 3 pelillos que me salen de barba, pero eso sí, indudablemente, cada vez que me rasuro me corto, es de ley, si no es como si no hubiera hecho nada.

Todavía no eran las 21:00, así que me puse a platicar con amigos de Tj, por el mensajero. Me la pasé chismeando y no me di cuenta cuando se dieron las 22:00. Salí de la residencia a las 22:15, fashionably late, pero ya era demasiado tarde para ir a la Casa de la Juventud, porque tenía que bajarme en la Plaza de Cervantes y caminar como 10 o 15 minutos para llegar hasta allá.

A Toño no le apetecía salir, así que vagué por las calles de Alcalá, solo, me gusta caminar solo, me siento más libre para detenerme, tomar fotografías, quedarme viendo algún aparador, básicamente hacer lo que sea. Claro que a veces es bueno tener alguien con quien reír de lo que se ve por la calle.

Me bajé en la Plaza de Cervantes, caminé a lo largo de la calle Mayor, sabía que la Casa Tapón estaba al final de la calle Mayor y por la Plaza Santos Niños, pero bien bien no sabía dónde estaba. Cuando llegué al final de la calle Mayor, caminé hacia la izquierda, la lluvia comenzaba a caer de lado sobre mi cara. Me fijaba en cada letrero que encontraba en las puertas, bares, cafés, pero ninguna Casa Tapón.

Y vean lo que encontré:






Un bar, llamado como mi querida cuidad, me dio mucha alegría, fue muy chistoso, no entré porque no era lo que estaba buscando y había mucha gente viendo un partido de fútbol, además básicamente es un lugar para ir a tomar y pues yo soy muy aburrido y no tomo.

Bueno seguí con mi búsqueda, me regresé a la calle Mayor, estuve buscando, nada, fui hacia la derecha esta vez, a partir del final de la calle Mayor, cero. Y por último, se me ocurrió ir hacia delante [para muchos esa hubiera sido la primera opción, pero yo no soy muy convencional que digamos, así le llamo yo a ser menso]. Y como a 10 metros del final de la calle Mayor, empecé a escuchar musiquita, se oía [esa palabra me gusta porque no tiene consonantes “oía”] como música chill out, estaba dentro de un establecimiento, tenia que pasar por un patio, se veían luces muy tenues dentro de la casita esa.

Entré, había unas 15 personas dentro del pequeño lugar, realmente esperaba ver a más gente, pero bueno. Había varios grupitos, platicando y riendo. Había una mesa alta que usaban como barra, pero creo que no había bebidas alcohólicas, servían café o té, la lluvia caía leve afuera, hacía un poco de frío. Estaba decorado de manera peculiar, había un proyector, que solo funcionaba como lámpara creo, iluminaba una delicada malla con unos cuadros de un rostro dibujados en ella, y esto proyectaba unas sombras interesantes en una pared.

Un dj era el responsable de la musiquita chill out, estaba sentado detrás de varios aparatos, al lado derecho de él había una bola luminosa, una esfera negra con agujeros, por los que escapaba la luz, que daba vueltas.

Había algunas sillas, otros como mesabancos, de esos que son sillas, pero que tienen la paleta y la puedes mover; también en el suelo había muchos colchoncitos redondos, para que uno se sentara, se me figuraban como al estilo árabe o algo así.

Me senté en una silla, pegada a las ventanas, saqué mi cámara y tomé una foto a la pared con cuadros de un rostro. También saqué mi grabadora de voz y grabé un poco de la música del lugar. Me sentí un poco raro, pues entré así, solo, sentí que varias personas me vieron, como esperando a que saludara a alguien y me metiera en algún grupito, pero no, solo eché un vistazo y me senté en la silla. Disfruté el descanso de la caminata de hacia algunos minutos y puse atención a la música.

Después de un rato, vi como que la gente se empezaba a concentrar en un grupito al fondo, había velas, un muchacho de barba de candado y cabellera larga, agarrada en una colita mal hecha, parecía ser el organizador; comenzaba él a explicar cómo se desarrollaría la velada. Me levanté de la silla y me acerqué al círculo, jalé uno de los cojincitos y me senté sobre este, tenía bordado una estrella verde.

Quedé un poco afuera del círculo, y un muchacho de lentes se dio cuenta de que estaba yo atrás de él y se movió abriendo el círculo para que yo pudiese entrar. Estaba yo, dentro de la actividad conocida como “Rincón de Letras Nocturno”, el encargado se llama Alejandro, todos parecían conocerlo, y le llamaban Alex; él explicó que esta actividad se iba a realizar una vez al mes, que esta era la primera vez que se organizaba, que siempre se comentará un libro y habrá espacio para que cada quien exponga algo que guste, como la critica de alguna obra literaria o algún trabajo escrito propio, y por último indicó que se realizarán algunas actividades tipo taller literario con premios y tal.

Comenzó a hablar de una novela de William Golding, llamada “El Señor de las Moscas” [Lord of Flies, se hizo una película basada en esa novela como en 1963 y un remake me parece en 1990]. Alex leyó algunos pasajes de la novela que le valió al autor el premio Novel de Literatura en el cincuenta y tantos.

Hablaba muy bien Alex con respecto a la novela y hacía referencia a otros obras y autores y hacía bromas que la mayoría de los presentes entendían [excepto yo, claro], pues todos se veían muy aficionados a la lectura y esas cosas, se notaba que todos sabían muy bien de que se estaba hablando y todos estaban muy relajados, el ambiente me gustó mucho aunque yo estuviera a un margen de todo su conocimiento sobre literatura [yo y mis 3 libritos que he terminado en toda mi vida, no éramos competencia para sus chorrocientos libros], pero yo estaba hasta cierto punto a gusto entre tanto desconocido y escuchándolos hablar de cosas fuera de las que yo manejo regularmente.

La novela me interesó y a ver si luego puedo leerla. Terminó la discusión sobre “El Señor de las Moscas” y Alex empezó a explicar en que consistiría la actividad. Cada quien habríamos de escribir en unos papelitos 3 cosas: un sujeto [por ejemplo, un niño], un lugar [ej. una isla] y un objeto [ej. una caracola]; después se iban a sortear todos los sujetos, los lugares y los objetos, para así sacar uno de cada uno que servirían como integrantes en un pequeño relato que cada uno de nosotros debíamos de escribir, es decir, cada quien iba a escribir un pequeño relato que contuviese esos tres elementos, sin importar que valor tuvieran estos en el relato en sí, solo que aparecieran en él.

Alex nos pasó unos papelitos y unos bolígrafos. Yo escribí: “una casa en un árbol, un hombre en una silla de ruedas y una vieja navaja de afeitar”. Le regresamos los papelitos, los ordenó y los fue sorteando. Lo primero que apareció fue como sujeto: “un piloto”, después el objeto: “velas” y finalmente el lugar: “una casa en un árbol”, se me escapó una sonrisa [bueno, la dejé salir].

Eran las 0:00 menos 15, teníamos esos 15 minutos para escribir una pequeña historia, no teníamos en que apoyarnos y al principio las plumas no pintaban, acerqué la mía a una vela para que se calentara la tinta y comenzara a fluir.

Me alejé del círculo y me fui a donde estaba el dj, estaba él como en una plataforma de madera, me tendí sobre el suelo y me apoyé en la madera para escribir. Terminé como a los 8 minutos, la mayoría seguía escribiendo. Me levanté y fui hacia la barra, había chocolates envueltos en aluminio, tomé uno, lo pelé y me lo comí, era una mitad de esfera de chocolate blanco.

Me senté de nuevo en el colchoncito, la mayoría ya había terminado, pero aun faltaban unas 3 o 4 personas. Entre comentarios graciosos se pasó el tiempo, yo solo escuchaba y me puse a hacer un avioncito con mi hoja en la que había escrito el pequeño relato.

Una vez que todos terminaron, se trataba de que cada quien leyera lo que escribió y al final se iba a hacer una votación, cada quien iba a votar por el escrito, diferente al suyo, que más le haya gustado.

La lectura la empezó Alex, quien no había escrito nada, leyendo el relato de uno de sus amigos, era una historia muy cómica de un travestí, apodado el cajero automático. Después de escucharlo yo bromeé poniendo mi hoja sobre las velas, haciendo alusión a que la actividad había terminado para mí y que lo mejor sería desechar mi cuentito. Al final de cada lectura todos aplaudíamos y Alex decía algo sobre lo que le había parecido más importante sobre la historia y que giro había sentido él que el autor había tratado de dar, y como por lo general se puede ver la personalidad de alguien por la manera en la que escribe.

Fui el quinto en leer, estaba todo nerviosillo, las velas estaban justo frente a mi cara, antes de empezar a leer, les dije: “hola” y mi nombre. Leí normalmente, entre más pasaban los renglones más tranquilo me sentía, al terminar levante la cara y todos me veían, como con cierto asombro, sentí vergüenza, y comenzaron a aplaudir, el muchacho que estaba al lado de mí me dijo: “y aquí es donde yo pregunto: ‘¿De dónde lo has copiado?’, porque eso debe ser copiado”, me dio la mano para saludarlo, escuche por varios lados: “lo ha hecho muy bien”, entre otras cosas, yo sonreía con nerviosismo. Después Alex dijo: “Muy buen relato, y a mí lo que más me sorprende es la capacidad que ha tenido él, en un lugar y situación, ajena a él, entre extraños vaya, concentrarse de esa manera y escribir algo así en tan poco tiempo. Has estado excelente.” Yo dije: “gracias” y me quedé con mi sonrisilla nerviosa un rato.

Siguieron las lecturas. Cuando todos acabaron, comenzó la votación, Alex fue nombrando a cada uno de los que estábamos ahí para que tomáramos nota y realizáramos el voto. Recogió los papelitos y comenzó a contar los votos.

Y… chancan chan chan… ¡Gané!, Gané por mayoría, no lo podía creer, me puse muy feliz, era la primera vez que hacía algo así, que fuera a un evento literario, que escribiera un relato corto bajo esas circunstancias, la primera vez que iba a ese lugar, la primera vez que veía a esa gente, la primera vez que leía en voz alta a más de 2 personas algo que yo haya escrito, no cabía en mi cuerpo de la alegría.

Me gané un vale por 15€ [algo así como 190 pesos] para gastarlos como me plazca en una tienda llamada Alcalá Comics, venden revistas, libros y demás; no sé ni dónde está la tienda, ni es como que un superpremio, pero me sentí muy muy feliz, jamás un pedacito de cartón que cupiera en mi mano me había mantenido con una sonrisota en la caraflaca por tanto tiempo.

Muchos me felicitaron y decían: “en hora buena” [nunca he entendido bien bien que significa eso]. Ayudé a guardar colchoncitos, moví algunas sillas y me fui. Salí caminando, muy sereno los primeros 5 metros y luego empecé a correr, con una gran sonrisa, la gente en la calle me veía como: “¿y éste qué?”. Llegué a la estación de autobuses, justo en ese momento llegó el bus, eran las 0:53 cuando subí, el autobús saldría a la 1:00, me gusta mucho la puntualidad de estos lugares, exactamente a la 1:00 salió el autobús, está sincronizado con el reloj de la Plaza de Cervantes.

Llegué a la residencia como a la 1:20, Carlos estaba jugando PlayStation 2, y me invitó a jugar, le gané 2-1 y se enojó, me exigió una revancha, nos fuimos a penales y me ganó, pero los penales no cuentan.

Me preparé una torta de atún con queso, me la comí, me lavé los dientes, guardé mi premio y me fui a dormir.

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