jueves, marzo 09, 2006
Día 22 [8 de marzo 2006]
Amanecí tarde, había despertado ya en la mañana, fui a desayunar al comedor, más dormido que despierto y regresé al cuarto para continuar mi sueño. El caso es que desperté bien bien hasta las 11:30 o algo así, cuando alguien trataba de entrar al cuarto, eran unos señores con una pistola en mano, fumigadores. Los dejé entrar, me dijeron que no tenía que salir del cuarto, rociaron en 2 esquinas del cuarto, cerca de la puerta y por el ropero, además rociaron en el baño, no vi exactamente dónde, todavía estaba en la cama [sí, soy un sinvergüenza].
Salieron en un dos por tres, cerré los ojos nuevamente, pero una vocecilla en mi cabeza me dijo: “ya cabrón, no seas huevón, levántate”. Me levanté sin querer queriendo, y a la cocina, a buscar algo para gusguiar. Cogí una manzana y luego me la comí [al estilo mantis religiosa]. Me puse a tratar de descifrar algo de la tarea que tengo de laboratorio de digitales, y como que quiero agarrar el hilo pero como que se me va, se jala y me corta las manos. Es frustrante, pero bueno, respiré y me puse a ver family guy por Internet.
Tenía que tomarme fotografías para entregar una ficha que me piden en el laboratorio de control. Aprovechando el viaje al centro de Alcalá, iba a llegar al banco a sacar dinero. Antes de mi travesía, necesitaba comer, para tener fuerzas.
Creo que le pasó algo a la señora que me servía comida, no ha regresado ya van 11 días. Mientras comía, estaban pasando a los Simpson, la traducción al castellano no me gusta mucho que digamos, el doblaje en México es mucho mejor, sobre todo la voz de Homer, aquí su voz se me hace demasiado sofisticada o inteligente para el personaje en sí.
Terminando de comer, preparé mi ropa para irla a lavar, en una semana ya tengo mucha ropa que lavar, porque soy fino y tengo la costumbre de cambiarme diario. Me bañé y me cambié, [también tengo la costumbre de hacer eso diario], llevé la ropa a lavar, la dejé ahí en la máquina que tarda mucho mucho y me fui corriendo a tomar el bus.
En cuanto subí al camión me sentí mejor, es decir, me sentía bien, pero a partir de ese momento me sentí mejor. Me gusta ver por las ventanotas del autobús, me gusta ver a la gente por la calle, a las casas, el cielo, los autos, los árboles, en sí todos los colores que se ven desde la ventanota me gustan, siento como si estuviera adentro de una película con muy buena fotografía.
A pesar de que la mayoría de las edificaciones tienen colores parecidos, todo el conjunto de luces y colores de esta ciudad me hacen sentir algo que en mi rancho no siento, ni cuando estuve en Chiapas, tal vez cuando estuve en San Cristóbal de las Casas o en Guanajuato, sobre todo en San Miguel de Allende, pero aquí es más intenso.
Llegué a la Plaza de Cervantes y caminé hacia el banco Santander que está por ahí cerca. Saqué dinero suficiente para pagar lo correspondiente a mis comidas de este mes en la residencia, el plazo para pagar es antes del 10 de marzo. Después caminé por la calle Mayor hasta llegar a una tienda de fotografías. Creo que la muchacha que me atendió, no es española, se notaba bastante su acento, además sus facciones no eran de una española típica.
Me iba a poner a bobear por las calles, pero recordé la ropa lavándose y me apresuré a la estación de autobuses. A pesar de mi fascinación por las imágenes fuera el bus, el regreso a la residencia lo pasé con los ojos cerrados, escuchando música, como solía hacer en Tijuana, en las calarías y taxis. Tengo una enfermedad, bueno no tanto así como una enfermedad, más bien una condición, cada vez que me subo a algún transporte público, indudablemente el 72% de la veces cerraré los ojos y me quedaré dormido.
De niño siempre andábamos en transporte público, y me arrullaba con el brincoteo de las calafias, autobuses y taxis que circulaban por las calles tijuanenses con muchos baches. Y ahora es como algo automático, me subo, ajusto el volumen de mi player, me acomodo de ladito hacia la ventana, cierro los ojos y zzzzzzz.
Llegué a la lavandería justo a tiempo, saqué la ropa de la lavadora y la metí en la secadora, mientras la pasaba de una máquina a otra, me di cuenta de que una de las toallas había hecho un cochinero con la demás ropa, como es nueva según, pues desprendió un montón de pelusas.
Para mi sorpresa, la ropa no se secó bien, quedó un poco húmeda, pero esta vez no quería plancharla, así que al llegar al cuarto, solo puse la bolsa al lado del ropero y así la dejé y me fui al Mercadona a comprar algunas cosas que necesitaba.
Compré Fanta de naranja [creo que me estoy haciendo adicto a esa soda], queso Philadelphia, queso para sándwich, pasta dental y jamón de pechuga de pavo. Tenía tanto tiempo sin comer eso, jamón de pechuga de pavo que quería hacer algo especial, entonces lo compré en una presentación que jamás había comprado. Es así todo el embutido, es decir, no compré rebanadas de jamón, compré un trozo, lo tengo que cortar yo en pedacitos con un cuchillo, es divertido, además de que tiene un buen sabor.
Ya en la residencia me puse a ver arrested development en Internet, esa serie rifa, está muy bien escrita para mi gusto, lástima que la FOX la canceló, creo que se moverán a showtime o algo así.
Después de un rato llegó Toño de su clase de dibujo, ya había empezado a trabajar con color y no le gusta, y menos dibujar paisajes dice. Cuando yo era bueno para dibujar, back in la secundaria, mi profesor de artísticas siempre me decía que yo debería de estudiar arquitectura, me gustaba mucho hacer figuras con lápices, ponerles distintos puntos de luz y eso, pero cuando trabajábamos con colores me daba flojera, si dibujaba más o menos, pero lo mío eran los grises.
A la hora de la cena, me preparé una torta con el jamón que compré, le unté queso Philadelphia y también le puse del queso para sándwich. Pero no me llené, entonces también me hice unas quesadillas con jamón y además me comí unas galletitas, todo lo baje con Fanta de naranja. Me voy a poner bien cerdo, la mayoría de la gente que me conoce pensará que unos 10 kilos más no me caerían mal, pero yo no quiero, me gusta ser delgado, me gusta ser yo.
Ya noche, nos pusimos a hablar con Carlos, que nos dio una clases rápidas de historia española y europea en general. Al parecer en la primaria a los niños españoles les enseñan lo de la colonización de América abordando el tema de cierta manera vergonzosa, por lo que hicieron con los nativos y sus templos y demás; esto viene a contradecir mi creencia de que solo lo veían, como: “ah, sí, llegamos, conquistamos y nos fuimos”. Fueron interesantes las lecciones de historia, pero sentí que a Carlos no le gusta hablar de las cosas que no conoce, por ejemplo, hubo ocasiones en las que Toño hablaba de la historia de México y Latinoamérica, y Carlos como que no se sentía muy cómodo y nos pedía que le preguntásemos más sobre la historia europea. De pronto ya era la 1:00 y mejor me fui al cuarto a tratar de dormir, lo que conseguí hasta las 3:00.
Unknown 7:45 p.m.

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